La agricultura pampeana y un atraso de 30 años

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Por Mariano Fava (*)

Si uno hiciera el ejercicio mental de pensar cómo verían nuestros abuelos o bisabuelos, que fueron productores en el milenio anterior, el actual acontecer del campo pampeano, la verdad es que el panorama les sería familiar. La afirmación hecha es tan triste como cierta, y se debe a que como consecuencia de los excesos hídricos y la falta de piso para hacer las labores, los productores debieron recurrir a un parque de maquinarias de cosechadoras de 1990 para poder levantar de manera lenta, sacrificada y cansadora los pocos granos que iban quedando en pie con el paso del tiempo. Como si ello fuese poco, gran parte de la superficie que se producía bajo siembra directa, se verá este año de manera forzosa pasada a la agricultura convencional. Es por ello que vemos transportándose y en los campos trabajando un número muy grande de equipos de labranza, como hacía tiempo no se veía. Tal es así que varias empresas de maquinaria agrícola han vuelto a producir rastras de doble acción y los vendedores de herramientas locales, a comercializarla.

 

Se ha hecho necesario volver a la labranza convencional por varios factores, entre ellos al no poder haberse realizado el barbecho químico en tiempo y forma, hoy nos encontramos con la realidad de que muchos potreros en fecha de ser sembrados no están en condiciones óptimas por la presencia de malas hierbas. Esto se debe a varios aspectos, uno de ellos fue la imposibilidad de transitar los potreros por los excesos hídricos que motivó una demora importante en los tratamientos fitosanitarios, mientras que los potreros que habían sido pulverizados antes de las últimas lluvias importantes hoy también poseen malezas producto de la abundante caída de milímetros, que generó que se “laven” los herbicidas residuales aplicados en el suelo, permitiendo así la germinación de malas hierbas que deberían haber sido controladas eficazmente. Ante esta situación el amigo productor está en la duda de qué actitud tomar, pues por la fecha en que estamos hay muchas malezas que ya están en una etapa de muy difícil control con herramientas químicas, como es el caso de la “rama negra”. Si el lote no posee rama negra, la solución es mucho más sencilla, ya que se pueden lograr buenos controles químicos con caldos de aplicación combinados, siempre y cuando se pueda transitar el lote con un equipo de pulverización. En caso contrario, si no se puede transitar el lote con la maquinaria de pulverización, el panorama es diametralmente opuesto y bastante complicado, resumiéndose las opciones de la siguiente manera:

 

1. Empleo de un complejo y oneroso caldo con mezcla de herbicidas de diferente sitio de acción, seguido de un “doble golpe” con paraquat, lo que encarece más aún la inversión por hectárea. Esto claro está, siempre y cuando se pueda transitar el lote con un equipo de pulverización terrestre.

 

2. Recurrir a los caldos antes mencionados y al avión pulverizador en caso de no poder transitar con equipos terrestres. Esta alternativa es mucho más costosa y tiene la complicación de que no todos los lotes se pueden tratar con los aviones, por el problema de la deriva y la consiguiente posibilidad de afectar algún cultivo sensible a los herbicidas de los lotes linderos.

 

3. Arar con doble acción.

 

Las primeras dos estrategias deberán emplearse en aquellos lotes con riesgo de erosión eólica, donde el paso de un arado pueda exponer fuertemente el suelo a la acción erosiva del viento. También conviene evitar el laboreo en perfiles edáficos someros, de poca capacidad de almacenaje de agua, donde a pesar de los excesos hídricos es importante hacer una economía del agua, por lo cual abandonar un sistema de siembra directa, aunque sea muy circunstancialmente y por poco tiempo, proporciona más desventajas que beneficios.

 

La tercera alternativa (labranza) deberá analizarse en lotes donde la napa freática esté alta y por lo tanto el problema de la economía del agua no esté presente. Adicionalmente en todos los casos deberá tratarse de un suelo sin riesgo de erosión eólica y con imposibilidad de pulverización, ya sea por el problema de transitabilidad del potrero, imposibilidad de aplicar con avión por peligro de daño a lotes vecinos, o con presencia de una flora de maleza no plausible de ser controlada con herramientas químicas. Cumplidas estas cláusulas, el paso de una rastra doble acción, además de asegurar un excelente control de las malezas demasiado crecidas para su control químico, permitirá elevar el coeficiente de oxidación de la materia orgánica, disminuyendo así los requerimientos de fertilización (fundamentalmente nitrogenada) y generando un cambio en la mesofauna del suelo. Esto último empieza a ser importante en potreros con mucha acumulación de materia seca en la superficie producto de la acumulación de rastrojos de cosecha, lo que está empezando a generar ataques de insectos tales como babosas o bichos bolita, situación que se evitaría con un laboreo circunstancial prescripto por un ingeniero agrónomo que recorra el lote y diagnostique la situación antes graficada. Vale aclarar que esto no significa abandonar el esquema de siembra directa, sino que es una medida extraordinaria para salir de una coyuntura complicada, de una manera lo más económica y segura posible para el pequeño y mediano productor. Evitando agredir el ambiente con cantidades cada vez mayores de herbicidas e insecticidas, sin ninguna necesidad.

 

Para finalizar, diremos que con la rastra doble acción además de perseguir los objetivos antes mencionados, lograremos eliminar huellas y todo tipo de irregularidades en el terreno a sembrar, que se suscitaron en las anteriores labores de recolección de cultivos sobre potreros a una capacidad de campo (totalmente provisto de humedad), por el tránsito de la maquinaria agrícola. Adicionalmente representará una fuga extra de unos 20 o 30 milímetros de humedad del suelo respecto de si se trabajara bajo siembra directa, lo que colaborará a disminuir los problemas de exceso de humedad y napas altas en la mayor parte de la superficie agrícola de La Pampa.

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