La sequía aprieta y ahora

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El año 2019 se despide con una cosecha fina que podríamos catalogar de mala o muy mala; pues arrojó rindes inferiores a la media histórica y en algunas zonas llegó casi a la mitad de esa media histórica. En lo que a calidad se refiere se han obtenido valores razonables de gluten y proteína, pero nada extraordinario. Respecto de la cosecha gruesa, la coyuntura también se presenta crítica. Los cultivos sembrados de primera, si bien evolucionan normalmente hasta el momento, la falta de humedad se hace sentir de manera preocupante.

La peor parte de esta sequía (por ahora coyuntural) a la que está sometido nuestro territorio provincial se la están llevando los productores con los lotes de maíz, soja y girasol sembrados temprano. Si la escasez hídrica no se revierte de inmediato, sin duda estos cultivos sufrirán pérdidas irreparables, con mermas de producción que originarán quebrantos en los márgenes brutos de los productores inmersos en esta dura realidad. No solo por el estrés hídrico propiamente dicho, sino además hay que considerar el estrés térmico, del cual poco a poco todos los años sabemos un poco más. Este puede llegar a inducir mermas severas de producción, aún en lotes con agua almacenada en el perfil edáfico, si el mencionado fenómeno es muy intenso y duradero durante el “período crítico”.

Los girasoles y maíces primicia están prácticamente en “período crítico”, es decir el lapso de tiempo que comprende unos 10 o 15 días antes del inicio de la floración y los 10 días posteriores a ese estado fenológico del cultivo. Si les toca atravesar este lapso de tiempo sin un estatus hídrico adecuado, se afectará el rendimiento sensible e irreversiblemente.

Los cultivos de segunda no se pueden establecer con normalidad. En algunas zonas donde han acontecido tormentas localizadas y dejado algún milimetraje importante, se ha sembrado, pero para ello se requirió de todo el coraje y la eficiencia del empresario agrícola. Falta mucha área de segunda por plantas y la ventana de siembra empieza a estrecharse como vimos en la columna de la semana pasada.

Para ir finalizando, debemos brevemente mencionar cómo repercute la falta de humedad en la ganadería, y la respuesta es más que obvia: “negativamente”. Los campos “se achican” por la falta de pasto, el costo del maíz es demasiado elevado como para entrar en planteos de sustitución del alimento fibroso (forraje), por una dieta elevada en grano. Para colmo de males precisamente la época donde deberíamos estar confeccionando las reservas forrajeras de cara al próximo invierno, no solo que no se están pudiendo llevar acabo, sino que como dijimos se está suplementando la hacienda actualmente.

En resumen, de no llover antes que finalice el año los cultivos van a empezar a descontar rinde de manera importante, resintiéndose la producción agrícola de la provincia de La Pampa toda. Los lotes con más futuro y que todavía tienen la posibilidad de retomar el normal proceso de crecimiento, si se revierte la falta de humedad, son los sorgos, girasoles, maíces y sojas sembradas de manera tardía. Ahora bien, ¿en qué grado estos lotes sembrados de manera demorada se podrán recuperar? Dependerá de la tecnología aplicada. Si los mismos fueron plantados en sistemas de siembra directa, con adecuado control de malezas, fertilizados y sobre todo con el concepto de una estructura de cultivo defensiva, es decir, ralos (con baja densidad de siembra) y espaciados, sin duda las posibilidades de éxito se multiplican, aquellos que hayan optado por estrategias ofensivas de producción buscando rindes superlativos, seguramente tendrán pérdidas de mayor importancia y de difícil reversión. Para finalizar, diremos que se vienen momentos duros, donde aquellos productores que hayan pagado alquileres exagerados, aplicando paquetes tecnológicos inapropiados para nuestra provincia, ya sea por exceso (estrategias ofensivas y onerosas de producción) o por defecto (lotes infestados de malezas u otro tipo de “ahorros” mal entendidos), tendrán quebrantos importantes, solo resta saber si la seca se acentúa y democratiza las pérdidas, o las precipitaciones oportunas les permitirán a quienes trabajaron correctamente obtener rindes aceptables, y salir airosos de una situación que a priori se presenta muy complicada.

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