Subzona 14 II: “Fiorucci me dijo que la había sacado barata”

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La docente secuestrada en la escuela de Paso de los Algarrobos, María Zulema Arizo, declaró este viernes por videoconferencia desde Rosario. Embarazada, con 31 años, estuvo tres meses en cuativerio, soportando torturas.

La docente de la escuela de Paso de los Algarrobos, María Zulema Arizo, declaró por videoconferencia desde Rosario y nuevamente –como en el primer juicio- contó detalles sobre su secuestro, el 23 de mayo del 78, y las torturas durante los tres meses que duró la detención. Algunos días antes de su captura, dos de los represores fueron a la escuela, uno haciéndose pasar por cura, y pasaron la noche allí para hacer inteligencia en la escuela albergue.

A ella la secuestraron en el dormitorio de la escuela del oeste pampeano, de madrugada, y vendada y esposada la trasladaron en una camioneta hasta Santa Rosa. Durante el trayecto la bajaron en pleno campo y le pegaron una piña en el estómago, cuando les pidió que no lo hicieran porque estaba embarazada de cuatro meses. “Me decían que me iban a matar. Que mi novio, Juan Carlos Barrera, a quién no molestaron nunca, nunca tuvo problemas, ya había hablado, pero yo no sabía de qué querían que hable”, recordó.

La llevaron a un lugar que evocó como “el pozo”, porque tuvo que bajar escalones, y la dejaron en un colchón en el suelo, con mucho frío. La levantaban con patadas y la interrogaban sobre sí hacia paros y que militancia política tenía. “Acá somos todos hombres, espero que no te pase nada”, le dijo uno de los captores.

Después de un mes la llevaron a la Primera, donde permaneció un mes más incomunicada bajo la órbita de la Subzona 14. Dijo que se sentía “mal, quebrada, tirada como un perro”.

La atendió un médico, morocho, canoso y robusto, porque tuvo infección en los riñones. Después de un mes, la pusieron con tres mujeres más, detenidas por prostitución, que mencionaban que Reinhart las “llamaba de noche para tener sexo”. Una de ellas quedó embarazada y le practicaron un aborto en el hospital.

Allí la subían a la primera planta del edificio. Reconoció ahí la voz de Fiorucci, era quién la interrogaba en “el pozo”, cuando lo vio a cara descubierta, con el arma sobre el escritorio. “Me decían que hablara, yo no sabía de qué. Me decían que me iban a matar”, recordó.

También manifestó que el día que la selección argentina ganó el campeonato mundial fue “horrible porque festejaban, golpeaban las mesas, los portones, algo desmedido”.

El 23 de agosto la liberaron y la llevaron a la Terminal para que se fuera a Rosario, donde en octubre nació su hijo Gonzalo. “Fiorucci me dijo que la había sacado barata porque él era el hermano de la directora de la escuela, pero que me tenía que ir a Rosario”, contó. Dijo que nunca supo si la directora fue quién la «traicionó». «Nunca supe por qué ni para qué me secuestraron», afirmó.

Arizo siguió trabajando en la docencia y se jubiló en 2008. «No tuve problemas para trabajar», completó.

A sala vacía

Ana María Martínez Roca declaró también por videoconferencia. Pidió hacerlo a sala vacía, sin público ni presencia de los acusados. Ella ya había brindado un relato desgarrador en el primer juicio de los represores, el 9 de agosto de 2010.

En esa oportunidad, pidió seguridad para ella y sus hijos y se fue del juicio con el rostro cubierto para evitar fotos.  Fue la primera vez que contó su historia, que incluye la pérdida de 15 embarazos, y el señalamiento directo al prófugo y ex jefe de la Policía provincial, Luis Baraldini, y al cura Alberto Espinal.

Ana María Martínez Roca en noviembre de 1975 fue secuestrada por ser la novia de Hugo Horacio Chumbita, por entonces docente y director del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de La Pampa y ambos llevados a la sede central de la Policía Federal, en Buenos Aires.  Los picanearon brutalmente y luego los trasladaron a Santa Rosa.

«Me enteré por el diario La Nación que nos buscaban. Tenía mucho miedo. No entendía qué pasaba. Nos encapucharon y nos llevaron. Nos pegaron patadas en la cabeza, en el estómago, en todo el cuerpo. Fuimos torturados en El Palomar, en una mesa de mármol con agua, en la cabeza, la boca, los pechos y los genitales«, dijo en el primer juicio y agregó: “nos trajeron a Santa Rosa en camión. Yo estaba inconsciente.Fui llevada al hospital. En esa época estaba embarazada y perdí el bebé. El único recuerdo que tengo es a un militar al lado mío, apostado como una ametralladora», detalló.

«De ahí me trasladaron a la Seccional Primera. No podía caminar. Estaba engrillada de pies y manos. Apareció mi mamá a buscarme, y habló con Baraldini porque pensó que estaba muerta. Insistió tanto en verme… tuvo una valentía fuera de lo normal. Si no fuera por ella estaría muerta», explicó.

«Cuando estaba así me fue a ver el cura Espinal. Lo único que quería saber es si era de Montoneros o andaba en algo peligroso y si sabía de las cosas que hacía Chumbita. Incluso, ese cura alguna vez fue a la casa de mi madre (cuando ella ya había sido liberada y estaba en La Plata) para ver si era cierto que vivía allí y cómo vivíamos. Yo soy cristiana, pero percibí todo. No fueron visitas de cortesía, me interrogó», aseguró.

«En la cárcel aprendí a caminar de nuevo. Me sacaban al pasillo a la fuerza. Decían que no vería a mi madre hasta que no caminara. Llegué a pesar 40 kilos. Por las secuelas (de las torturas) perdí 15 embarazos, hasta que tuve otros dos hijos. Es la primera vez que hablo de esto. Lo tuve guardado durante muchos años.”, relató.

Antes de ser liberada, Baraldini le dijo que si hablaba la “iban a buscar y a matar. Me dijeron que nunca dijera nada porque sino me iban a buscar. Simplemente vine a La Pampa a conseguir trabajo como recién recibida. Y este fue el regalo», concluyó esa vez.

Otro testigo

Este viernes también declaró por videoconferencia el arquitecto Alfredo Lamas. Había participado de la toma de la UTN de Pico y era funcionario en Obras Públicas. Fue secuestrado el 24 de marzo de 1976 por fuerzas conjuntas, en un operativo en el que reconoció a Baraldini exhibiendo una pistola 45 en los pasillos de los monoblocks lindantes a Casa de Gobierno, donde también detuvieron al entonces ministro Santiago Covella y otros empleados de ese área.

Lo trasladaron en una camioneta descubierta, custodiado por policías armados, a la Primera, pero al mediodía lo llevaron a la Unidad 4. En la segunda semana llevaron detenido al mismo pabellón al gobernador José Aquiles Regazzoli, trasladado a los dos o tres días siguientes. Según declaró, en tres oportunidades fue retirado del penal por efectivos de la policía en el camión que retiraba la basura, esposado, sin poder ver el trayecto o recorrido que hacían, el camión detenía su marcha y, luego de quince o veinte minutos en un silencio absoluto, nuevamente fue conducido a la Unidad Penitenciaria sin ninguna explicación.

Una semana antes de quedar en libertad fue interrogado en la Primera por un Comisario de la Policía Federal sobre la relación que tenía con las personas que habían sido detenidas junto a él y por qué había llegado a trabajar a la provincia. El 19 de abril fue liberado. En ningún momento se le informó a disposición de quien estaba detenido o por orden de quien, aunque se lo vinculaba a supuestamente a una organización subversiva, según le dijeron en la Primera y en el departamento donde fueron interrogados por Baraldini.

Aclaró que durante los interrogatorios no sufrió ningún maltrato físico. Al ser detenido, los represores revolvieron el departamento y le robaron una cantidad de dinero importante. A los cuatro días de recuperar la libertad volvió a Buenos Aires, donde fue vigilado por un automóvil que estacionaba en las inmediaciones de su casa durante seis meses.

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