La Justicia pampeana reconoció la posesión de un campo de 9.100 hectáreas a la familia de un puestero que lo trabajó durante medio siglo

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La Justicia pampeana reconoció la posesión de un campo de 9.100 hectáreas a la familia de un puestero que lo trabajó durante medio siglo

Santa Rosa (La Pampa) — La Sala I de la Cámara de Apelaciones de Santa Rosa dictó una sentencia que marca un precedente en materia de propiedad rural y derechos posesorios. El tribunal confirmó el fallo de primera instancia que otorgó la titularidad de un extenso campo —de casi 9.100 hectáreas, ubicado entre 25 de Mayo y Casa de Piedra— a la familia de un puestero que lo habitó y trabajó durante más de 50 años.

El fallo ratificó la decisión del juez Eduardo Francisco Vicente Godoy, quien había reconocido la posesión efectiva de la familia Echenique sobre el dominio registral que ostentaba Rubén Eduardo Zudaide, heredero de los antiguos titulares Lasaeta-Zudaide.

Un campo en disputa y un trasfondo petrolero

La tierra en cuestión, identificada como Lote N° 20, Parcela N° 2, no solo tiene valor ganadero. En ella existen pozos de explotación de hidrocarburos y servidumbres con empresas como Petroquímica Comodoro Rivadavia, lo que la convierte en un bien codiciado en la zona del río Colorado.

El conflicto judicial enfrentó a dos mundos: el del trabajo rural de los Echenique, representado por la figura del puestero Oscar Segundo Echenique, y el de los Zudaide, titulares registrales vinculados a contratos petroleros y servidumbres desde 2008.

Echenique comenzó a ocupar y trabajar el predio a fines de la década del ’70, criando ganado, levantando alambrados y manteniendo el lugar en producción hasta su fallecimiento en 2022. Sus hijos —Lorena, Luz de Mar y Oscar Segundo (h)— continuaron la lucha para que la Justicia reconociera lo que consideraban suyo por derecho de uso prolongado y público.

La batalla judicial

La disputa se formalizó cuando los Echenique iniciaron una prescripción adquisitiva veinteañal (usucapión), alegando que habían poseído el campo de manera pacífica, pública y continua por más de 20 años.
Del otro lado, Zudaide interpuso una acción real negatoria, buscando que se los declarara simples ocupantes sin derecho.

En primera instancia, el juez Godoy dio la razón a los Echenique. Sostuvo que la posesión estaba acreditada al menos desde 1988, año en que constan trabajos de perforación de agua realizados por el Ente Provincial del Río Colorado (EPRC), y que en 2008 ya se habían cumplido los 20 años legales para adquirir el dominio.

La revisión de la Cámara

Zudaide apeló, argumentando que los Echenique nunca habían intervenido el título y que los documentos presentados no eran suficientes para demostrar una verdadera posesión. También subrayó que él mantenía servidumbres con petroleras y contratos vigentes, además de haber colocado señalizaciones de propiedad en el lugar.

Sin embargo, las juezas Laura B. Torres y Marina Álvarez, de la Sala I de la Cámara de Apelaciones, coincidieron con el fallo original. Consideraron que el juez de primera instancia realizó un análisis “integral y coherente” de las pruebas, que incluían no solo la documentación del EPRC, sino también testimonios de vecinos y recibos del impuesto inmobiliario rural pagado por los Echenique desde 1993.

El tribunal destacó que esos pagos y los testimonios de trabajadores y pobladores (Sánchez, Lara, Novoa, Pino y Ghezzi) confirmaron la ocupación ininterrumpida y el ánimus domini de la familia, evidenciando que el dominio registral nunca se tradujo en una posesión real por parte de Zudaide ni de sus antecesores.

Un fallo con peso simbólico

En su resolución, la Cámara reafirmó el principio de que la posesión efectiva —pública, pacífica y prolongada— prevalece sobre el mero registro en el título de propiedad, una doctrina que cobra especial relevancia en regiones rurales donde los conflictos por la tierra suelen prolongarse durante generaciones.

De este modo, la Justicia pampeana reconoció a la familia Echenique como legítima propietaria del campo que su padre trabajó durante medio siglo. Un fallo que no solo pone fin a una larga disputa, sino que reivindica la historia de un puestero y su familia frente a la frialdad de los registros y los intereses petroleros.

(Fuente: El Diario de La Pampa)